No sé, igual tiene razón y no es el mejor momento -para que me vaya.
-¿Lo dices por mí?
-Sí.
-No, no, no, tranquila.
Gracias por quedarte el cargo.
Querida yo del futuro, deseo que un día puedas mirarte al espejo y sentirte orgullosa de lo que eres y satisfecha de todo lo que has conseguido.
Manuela, ¿qué haces así?
¿Te importa si vengo mañana a cenar a casa?
Mejor nos tomamos un café en la academia cuando vuelva.
Sí.
Doña Manuela, ¿va usted a volver -a la academia?
-Exacto.
[teléfono] -¿Dígame?
-¿Madre?
!¡Por qué la llamas a ella si sabes perfectamente -que no la quiero aquí!
-Solo ha venido para echar una mano con su mejor intención.
Pues ya estoy de vuelta, así que ya se puede marchar.
[música melancólica] Es tu madre, ya sabemos cómo es.
¿De verdad quieres vivir separada de ella para siempre?
Si él me pide dinero, yo se lo doy.
Mi hijo se está aprovechando de ti, ¿es que no lo ves?
Esto es un adelanto por la venta de la casa.
¿Dinero es lo que quieres?
Toma.
¿Has vuelto a saber algo de Arcadio?
-No.
-Igual, cuando se le acabe el dinero, vuelve a aparecer por aquí.
Arcadio se ha marchado de Sevilla.
Para siempre.
-¿Es verdad?
-Algún día entenderás que es lo mejor que podía pasar.
Por favor, ya está bien.
Lleva semanas vaciando la casa y mi vida, ¿cuánto tiempo más va a durar esta situación?
Igual para siempre.
Mi familia es lo que más quiero en el mundo.
Pero, Manuela, lo que pasó me hizo tan feliz.
¿Por qué no le dedicas tu carta a tu futuro esposo?
"Querida Flavia, lo más importante de todo es que seas tú misma en cada decisión que tomes.
Que cada cosa que elijas hacer en la vida la hagas por ti y porque te hace feliz, sin importar las expectativas o los deseos de los demás".
-¿No somos novios?
-Cuando la cosa fluye entre dos personas, no hace falta esforzarse.
Si todo sale bien, pues llegará donde tenga que llegar.
Toma, tu correspondencia.
Te han devuelto todas las cartas que le has estado mandando a tu amigo el portugués.
No tiene que darme explicaciones, usted sabrá.
¿Has pensado ya lo que vas a meter en la caja del tiempo?
Me lo regaló mi padre cuando tenía más o menos la edad de Roberta, y a ella se lo regaló el suyo.
Entonces me quieres decir que tu padre y el de Roberta...
Se conocían.
[alarma] Apágalo.
!¡Cállate ya!
Ay, qué cara.
[música clásica] Donde hay, hay.
Donde no hay, no hay.
[música clásica] [música clásica] Portaos bien.
Portaos bien.
Y vigila a los pequeños, David.
Vamos allá.
Anda, buen día.
[música melancólica] -Ramón.
-¿Eh?
¿Eh?
Dime.
-¿Qué lees?
-Nada.
-¿Cigarro?
-No, gracias.
Vengo a pedirte un favor.
A ver, es que no paro de darle vueltas a la relación que pudo haber entre el padre de Roberta y el mío.
Y... Y quieres que yo me entere, ¿no?
Es que creo que puede ser muy interesante buscar en la prensa de los últimos años.
Porque él salía mucho.
Entonces necesitaría que reúnas todos los ejemplares que puedas.
Lo haría yo, pero es que me es imposible con las clases.
Claro, como yo no tengo nada que hacer, pos lo hago yo, ¿no?
Por favor, Ramón.
-Ajá, vale.
-Sí, vale.
Máxima discreción, ¿sí?
Muchas gracias.
La lista.
No, aquí la única lista que hay eres tú.
Bueno, ¿qué os parece?
Buenos días.
-Buenos días.
-Buenos días.
Disculpad el retraso.
¿Todo bien?
Sí.
¿Por dónde ibais?
Por la última ocurrencia de las niñas.
Nada, que les ha dado por peinarse y pintarse como en el anuncio, este, maravilloso.
"A los hombres les encantan las mujeres femeninas y jóvenes".
"Por eso el lápiz de labio Femme de l'aube les resulta tan irresistible".
Que deberíamos prohibir el pinta labios.
Aquí se viene a estudiar, no a imitar a una modelo -de revista.
-Bueno, si ellas -se ven guapas así... -Y me parece muy bien, Ángela, pero esto es una academia, no la Alameda de Hércules.
No sé, igual hay cosas más importantes -a las que preocuparse.
-A ver, el problema no es el lápiz de labios, es el mensaje que dan estos anuncios horribles.
Que si a los hombres les gusta, -los hombres les encanta... -Por donde lo mires.
No deberían dejarse llevar por asuntos tan banales.
-Por eso, Manuela, yo creo... -No vamos a prohibirles que se maquillen, Luisa.
Con la edad que tienen, es normal que las niñas quieran verse guapas y exploren su feminidad y busquen referentes.
Pero con criterio.
Y ahí entramos nosotras.
¿No crees que le estamos dando demasiadas vueltas a todo esto?
Yo creo que las vueltas que son necesarias.
Quiero que dediquéis vuestras clases a hablarles sobre lo que significa ser mujer en este mundo.
Además, entre nosotras somos muy diferentes, así que estoy segura de que les vamos a ayudar a sacar conclusiones interesantes.
De verdad que no entiendo lo de ir todas iguales, ¿eh?
Parecéis gemelas tontas.
Yo lo que no entiendo es que, si todas vamos iguales, -¿por qué a mí me queda peor?
-Vale, Jesús, ¿pero por qué dices eso?
Estás guapísima.
-Sí.
-Buenos días, señoritas.
Buenos días, Tomás.
¿No nos notas nada?
¿Como más femeninas?
No sé.
Uniformes nuevos, ¿no?
Oye, Tomás, me gustaría pedirte un favor.
-Claro, dime.
-Verás, es que la pata de mi mesilla está un poquito suelta, y me preguntaba si podrías venir a revisarla.
Ya, que ahora es la pata de la mesilla -la que está suelta.
-Ya, ya.
Anda, vamos.
Claro.
Luego subo.
Gracias.
[música clásica] "El secreto de ser mujer".
Está muy bien que saquéis partido a vuestras virtudes.
Estáis muy guapas.
Pero ser mujer es algo más que pintarse los labios para gustar a un hombre.
¿Qué es ser mujer?
Ser mujer es... escuchar y comprender.
Ternura y fragilidad.
Belleza y dulzura.
Pero también es la capacidad de amar, y de cuidar.
Es el regalo de ser madre.
Y el poder de dar vida con tu cuerpo.
Y de nutrir, y crear un vínculo maravilloso.
La clase ha terminado.
[música dramática] No puedo más.
Necesito a mis niños.
Y los volverás a tener pronto.
Ya verás cómo David entra en razón.
No, lo está haciendo para castigarme y para hacerme daño, y lo está consiguiendo hasta el límite de lo posible.
[sollozos] Lo siento mucho.
[sollozos] [golpean la puerta] Buenas tardes.
Hola.
Venía a arreglarte lo de la mesilla.
Sí, claro.
Es esta.
¿Y qué le pasa exactamente?
Pues...
Se le han soltado estas dos cosas, y no sé cómo van.
Siempre estudiando, ¿eh?
Que no me vas a responder.
Pensaba que solo podíamos hablar por temas de mantenimiento, arreglos y demás.
Que es por lo que estás aquí.
Claro, claro, claro.
Y si te pregunto que qué estás leyendo, ¿tampoco me vas a responder?
"La buena señorita".
Protocolo.
¿Y una buena señorita se dignaría a ayudarme?
Una buena señorita no se ensucia las manos.
Bueno, pero puedo hacer una excepción.
Pues pásame el alicate.
-A la primera.
-Me sé los nombres de todas las herramientas, listo.
De pequeña ayudaba a mi padre en casa.
Pues ya podrías haber arreglado esto tú.
Ya, pero a ti te pagan por hacerlo.
Y que me paguen muchas veces más por venir a verte.
Quiero decir, por venir aquí y arreglarte lo que esté mal, y eso.
[música dramática] [timbre] ¿David?
No soy David.
¿Es buen momento?
Sí, sí, sí.
Adelante.
Pasa, por favor.
Perdona que me presente así, sin avisar.
No, no, no, al contrario.
¿Pero te ha ocurrido algo?
¿Estás bien?
Macarena me ha dicho que David se ha llevado a los niños.
¿Y cómo...?
Sí.
No me deja acercarme a ellos.
Es el precio que he tenido que pagar.
Ya.
Ya.
Ven aquí.
[música melancólica] [Ramón] Y estos son los últimos.
Me espera una noche interesante.
Muchas gracias.
¿Cómo tomas el café?
No te preocupes, tú vete a casa ya, que ya has hecho suficiente.
Solo, ¿no?
Venga, que ya vienen los refuerzos.
[música melancólica] Pero para él tampoco tiene que estar siendo fácil.
Ya lo sé, Paola, y he tenido paciencia, le he dejado espacio.
Van pasando las semanas y no parece que vaya a cambiar nada.
Pues no esperes más.
Haz algo.
¿Qué quieres que haga?
¿Se te ocurre algo?
Ángela, tú y yo dejamos de vernos por nuestros hijos.
¿Qué sentido tiene rendirse ahora?
No me estoy rindiendo, es solo que... Bueno, me siento perdida.
Pero yo sé lo fuerte que puedes llegar a ser.
Tú eres más valiente de lo que tú te crees.
Yo sé cuáles son tus colores, y lo alto que puedes llegar a gritar.
Haz lo que haga falta pa recuperarles.
Y si me necesitas, como amiga, ahí estaré.
¿Has cenado?
-No, no tengo hambre.
-Pues venga, que te preparo algo, y luego te vas a dormir.
[música melancólica] Ramón.
Ramón.
-¿Qué?
-Mira.
"El excelentísimo señor don Isidro Quintanilla...".
Pues sí que era importante tu padre, ¿no?
Sigue.
"Y don José francisco Luna..." El padre de Roberta.
"... han cerrado un acuerdo por el cual el empresario podrá exportar sus naranjas finca de José Francisco a tierras portuguesas".
Ese tuvo que ser un negocio que movió mucho dinero, seguro.
¿Y has encontrado algo más?
No.
Pero ya sabemos de qué se conocían.
Este es de diciembre de 1917.
Tenemos que seguir por ese año.
Ah, bueno, pero mejor seguimos mañana, ¿no?
Tú estás cansada, yo también... Solo miro tres o cuatro más.
-Pásame ahí.
-Que no.
Vamos a dormir tres o cuatros horas, ¿no?
Aunque sea.
Está bien.
¿Sí?
Venga.
Hasta mañana.
Anda, hasta mañana.
Pero a dormir, ¿eh?
Ya, a dormir, a lo mismo.
[suspiro] [música clásica] ¿Cómo están, mis niños preciosos?
!¡Mamá!
!¡Ah, qué alegría verlos!
-¿Qué haces aquí?
-Cómo estáis de guapos, ¿eh?
!¡Cómo estáis de guapos!
!¡Pues habéis crecidos, -no es posible!
-¿Que qué haces aquí?
Bueno, quería acompañarlos un poco al colegio.
-Podemos ir solos.
-Ya lo sé, pero me apetecía estar con vosotros.
Mamá, ¿me compras un barquillo?
Cómo estáis de lindos, por favor.
-¿Tú quieres un barquillo?
-No, y vámonos, que llegamos tarde.
David, mi amor... ¿Sabe papá que estás aquí?
Luego os compro el barquillo de vainilla, ¿vale?
Vale.
[música dramática] Os presento a la Venus de Willendorf.
Esa señora parece mi abuela al salir de la bañera, ¿eh?
[risas] Es una Venus del paleolítico.
Grandes pechos, caderas anchas... En este periodo el ideal de belleza tiene que ver con la fertilidad.
Pues, lo que te digo, igualita a mi abuela.
Ella tiene nueve hijos, ¿eh?
Este seguro que lo conocéis.
La Venus de Botticelli.
Renacentista.
Muy bien, Margarita.
Esta otra Venus nos va a mostrar formas más suaves.
Fijaos en lo pequeñas que son sus manos y sus pies.
Las mejillas son rosadas, el pelo largo y rubio.
Parece un ángel.
Y es que, en este periodo, el canon de belleza tiene más que ver con lo armónico.
-Con lo delicado.
-Pues a mí me parece que está un poco mustia.
La Toilette, de Eva Gonzalès, 1879.
Aquí aparece un elemento nuevo, que es el corsé.
El corsé va a estrechar la cintura de la mujer para resaltar su sensualidad.
Como podéis ver, los cánones de belleza han ido cambiando con el tiempo.
Pero la presión que ejercen sobre nosotras sigue ahí.
Una revista de este año.
"A los hombres les gustan las manos suaves".
"La Fragancia que adoran los hombres..." Eh, bla, bla, bla, bla, bla, bla.
En fin.
Nos dicen cómo tenemos que pintarnos, cómo tenemos que peinarnos, incluso a qué tenemos que oler.
!¡Y maravilla, además tenemos que pagar por ello!
Si consiguen que me vea guapa, yo pago lo que haga falta.
Ya, pero María Jesús, ¿tú te ves bien mirándote a través de tu mirada, o de la mirada de ellos?
¿Cuán condicionada está tu mirada?
¿Lo haces porque quieres, o porque crees que tienes que hacerlo?
Sinceramente, yo creo que lo estamos haciendo -por gustar a los muchachos.
-Ya, pero a nosotras ¿qué nos gusta?
¿Qué os gusta a vosotras?
Hombre, gustar a los muchachos.
A ver, ¿pero entonces está mal pintarse los labios?
-No, para nada está mal, solo... -Pues yo me siento más mujer -cuando me veo guapa.
-Es que, si maquillarse y peinarse está mal, ¿cómo puedo ser más femenina?
A ver, yo no digo que esté mal, solo digo que tenemos que reflexionar sobre quién define la feminidad.
Que sí, Teresa, que eso está muy bien, ¿pero y si nosotras sí que queremos gastarnos el dinero en cremas para seguir -los cánones de belleza?
-Y además tú te vistes y te peinas con la moda de París.
[música clásica] Tomás.
A ti, como hombre, ¿qué cosas te gustan de las mujeres?
¿Cómo sería tu mujer ideal?
¿Qué?
No te metas a encerrado, que te buscas un lío.
Pues... Guapa.
Y dulce.
Y divertida.
Y espontánea, que te sorprenda.
Y con un cabello precioso.
Y unos ojos que al mirarlos te pierdas en ellos.
¿Veis?
Si es que Teresa puede decir lo que quiera, pero a un hombre le gusta una mujer femenina.
¿Y también os gustan repelentes y empalagosas?
-¿No lo dirás por mí?
-No, para nada.
Por doña Manuela.
¿Sabéis desde luego lo que no le gusta a un hombre?
-Las machorras.
-¿Me has llamado machorra?
-Eso te la llevas.
-Pues mira, ma-cho-rra.
Pues mira, yo-yo al menos he tenido novios, ¿sabes?
[gritos] !¡Qué está pasando aquí!
Todas para clase.
Y vosotros, a lo vuestro.
Será porque no te lo dije, ¿no?
Si es que no he dicho na'.
Sí.
Venga, anda.
Lo que acaba de ocurrir ahí fuera no se puede volver a repetir.
Eso no es comportamiento ni de señorita ni de persona.
Y, antes que nada, quiero aclarar que ni este lápiz de labio, ni todo el maquillaje que os pongáis, os va a ayudar a ser más o menos mujeres.
Y dicho esto, como es el tema que estamos tratando en todas las clases, aquí lo abordaremos desde el punto de vista biológico.
Desde el momento del nacimiento, los seres humanos, y la mayoría de los animales, se dividen en dos géneros, el masculino y el femenino, que vienen determinados por los órganos reproductores.
Como hemos visto en clases anteriores, el aparato reproductor de la mujer se compone de los ovarios, la vagina, el útero.
¿Sí, Candela?
Doña Luisa, es que tengo una duda.
A ver.
Mire, mi abuelo vivía en París cuando era un muchacho, pues por temas de trabajo.
-¿Y bien?
-Y allí en París, la comidilla de toda la ciudad, es que había una mujer que tenía vulva, -pero que tenía pene también.
-¿Qué?
[murmullos] Silencio, silencio, por favor.
¿Pero eso es posible?
Sí.
Sí es posible.
Estamos hablando de un caso de hermafroditismo.
Que ya estudiaremos más adelante.
Pero, doña Luisa, es que sigo teniendo una duda.
-Dime, Candela.
-Claro, ¿es que en ese caso esa persona sería una mujer o sería un hombre?
Porque no tiene mucho sentido que tenga las dos cosas.
Vamos a ver.
Si el aparato reproductor femenino es operativo, es decir, si tiene la menstruación, es una mujer.
En caso contrario, no lo es.
¿Pero entonces hasta que no tienes la regla no eres mujer?
-No, no he querido decir... -¿Qué pasa te haces mayor -y dejas de tenerla?
-Eso.
¿Cuando nos volvemos señoras mayores ya dejamos de ser mujeres?
No.
No.
Digamos que se pasa a otra fase.
Se produce una transformación.
Pero evidentemente seguimos siendo mujeres.
¿Puedo seguir?
-Claro, claro.
-Sí, claro.
Ángela.
¿Qué ha pasado?
¿Los niños están bien?
No lo sé.
Dímelo tú, que has estado con ellos esta mañana.
-David, no es el momento.
-¿Pero qué pensabas?
¿Que no me iba a enterar de nada, o qué?
No era mi intención.
Por favor, hablamos más tarde.
-Ángela, no puedes hacer lo que te dé la gana.
-Soy su madre.
-Muy bien.
-Haberlo pensado antes.
-Basta ya, David.
He hecho todo lo que tú querías.
He estado callada, sin rechistar, he estado esperando... No puedo más, ¿hasta cuándo va a durar todo esto?
No tienes ningún derecho a presionarme.
Ni tú puedes quitarme a mis hijos.
Yo habré sido una insensata, pero tú estás siendo un monstruo.
Si vuelves a acercarte a los niños, me los llevo de Sevilla.
¿Te parece lo suficientemente monstruoso?
[suspiro fuerte] Ángela.
Ángela.
¿Pero qué...?
[sollozos] [música dramática] Ángela, lo que estás viviendo es muy duro, pero... se va a solucionar.
David tiene que recapacitar.
¿Podemos ayudar de alguna manera?
¿Por qué vamos a tomar un café las cuatro juntas?
-Claro.
-¿No te vendría bien -tomar un poco el aire?
-Sí, es muy buena idea.
Y así te distraes un poco.
Sí.
Gracias.
-Mamá.
-¿Hmm?
¿Soy una machorra?
[risas] ¿Y eso?
¿A qué viene?
Igual soy distinta a las demás chicas.
No me gusta maquillarme, no me gusta echarme perfume, ya cada vez me fijo menos en los chicos, la verdad.
Bueno, no todas tenéis que ser iguales ni tienen que gustaros las mismas cosas.
Que eso sería muy aburrido.
A ver.
¿Qué pasa?
-Cuando sea mayor... -Ajá.
¿...a mí también me van a gustar las mujeres?
No lo sé, cariño.
Eso lo decidirás tú.
Ya, ¿pero eso se... se pega, o se hereda, o algo?
No, no, no, claro que no.
Que te gusten los hombres o las mujeres no tiene nada que ver conmigo.
Ni tampoco con que te maquilles o te dejes de maquillar.
Igual tienen razón y soy un poco machorra.
[risas] ¿Tú eres feliz?
Sí.
Pues ya está.
Y yo también quiero que tú lo seas, mamá.
[música melancólica] Yo estaba aquí, encomendándome, y se ha apagado.
Ya.
Encomendándote.
¿Seguro que no las ha aflojado tú?
¿Y por qué iba a hacer eso?
Pues pa' estar conmigo a solas.
-Otra vez.
-Sí, claro.
Hacia mucho que no estábamos aquí juntos.
Fue una noche preciosa.
Tomás, ¿exactamente tú y yo qué somos ahora?
¿Tú qué quieres que seamos?
Amigos.
Amigos, pues.
[suenan tacones] Pues, que tenga un buen día.
Señorita.
Ay, virgencita, madre de Dios... [música clásica] Gracias.
A las tres.
Hagamos un brindis.
Por nosotras.
Que juntas somos invencibles.
Eso.
Salud.
Manuela.
Si me permitís un segundo.
Martín.
Manuela, qué sorpresa.
¿Qué haces aquí?
Pues, tomando un café con mis compañeras.
Hola.
A ver, ¿qué opináis?
¿Sobre qué?
Manuela y Martín.
No sé.
¿Vuelven o no vuelven?
Pues no sabría decirte.
Aunque sé que el otro día estuvieron tomando un café en la academia.
¿Y tú que opinas, Luisa?
Siempre que sea para bien y, sobre todo, que Manuela no sufra... es una decisión de ellos.
¿Vosotras creéis que él siga enamorado?
Yo creo que sí.
Mira cómo le mira.
Cuando te miran así se para el mundo.
Lo que no sabemos es cómo le mira ella.
Has visto que ya no te pregunto por la cena, ¿no?
Anda, pregúntame.
¿Por?
Por la cena.
Está bien.
¿Cenaremos en casa tú y yo?
Pero déjame que te avise yo, por favor.
Sí, sí, claro.
Bueno, vuelvo con mis compañeras.
Sí, es mejor, que no nos quitan ojo.
Yo creo que sin ti no saben de qué hablar.
[música melancólica] ¿Qué tal la película?
¿Bien?
¿No sé por qué lo dices?
No os hemos prestado nada de atención.
-¿Nada?
-No, estábamos hablando... sobre el café.
Que lo hacen muy rico aquí, ¿verdad?
-Luisa... -Por cierto, ¿cambiamos de sitio y nos tomamos otro?
Yo debería volver a la academia.
Se está haciendo un poquito tarde.
No, Luisa, quédate un poquito más, que nunca salimos juntas.
-Sí.
-Venga.
[música clásica] !¡María Jesús, que están todas en...!
¿Qué haces?
Nada, aquí.
Qué horror, si parece un Frankenstein.
Bueno, que están todas en el cuarto de Candela y Flavia echándose potingues y esas cosas, ¿te vienes?
-No me apetece.
-Ni a mí, pero por estar juntas.
!¡Venga, vamos!
Que sí.
Vamos.
[música clásica] [tos] ¿Pero qué es esto?
¿Vinagre?
Que mi abuela dice que te deja la piel más blanca esto.
Lo que te va a dejar es una buena diarrea, amiga.
Chicas, ¿a vosotras os gusta mi nariz?
¿No os gustaría así como un poquito más respingona?
Pues en Estados Unidos los cirujanos le cambian la cara a la gente.
¿Y qué sentido tiene cambiarse la cara?
Dejarías de ser tú.
Esa es la gracia.
Ponerte la cara que quieras y cuando quieras.
Pues yo no me cambiaría nada de nada.
Porque las que somos guapas lo somos de nacimiento, y las que no, no lo serán nunca, por mucho que avance la medicina.
Por las mujeres.
Por las mujeres.
¿Pedimos un tercero?
Un cuarto, dirás.
Bueno, yo ya con dos... Creo que deberíamos irnos, ¿eh?
Tanto alcohol puede sentaros mal y... No, Luisa... Tiene razón, Luisa, sí.
Buenas noches, señoras.
¿Perdone?
Qué curiosas son las noches de Sevilla cuando salen cuatro lunas... Nadie te ha invitado a la mesa.
Pero si yo os quiero invitar a ustedes.
-¿Me dejáis?
-No, muchas gracias.
-Ya nos íbamos.
-Sí.
No nos vamos a ningún lado.
Y tú no nos molestas más.
¿Pero quién ha dicho aquí na de molestar?
Le estamos rogando que se vaya.
Por favor.
Yo solo quiero saber qué hacen cuatro bellezas solas.
Es que no estamos solas.
¿No lo ve?
Tú eres la señora de Martín Arteaga, ¿no?
Se rumorea por ahí que os habéis separado.
¿Y andas buscando otro hombre?
Bueno, ya es suficiente.
Te vas o te vas.
¿Y si no qué?
¿Vas a gritar pa que vengan a ayudarte?
No nos hace falta, te lo aseguro.
Mire, caballero, se lo hemos pedido educadamente, así que haga el favor de marcharse.
Muy bien, señora.
No se pongan así, no pasa nada.
Tengan buenas noches.
Pedimos otro.
[música clásica] [teléfono] Qué dolor de cabeza.
Nos teníamos que haber ido cuando dijo Luisa.
Te viene muy bien salir, beber, divertirte.
¿Y con qué cara le digo yo luego a David que me deje ver a los niños?
Eso no te hace mala madre, Ángela.
Ángela, tienes una llamada.
¿Qué, a ti el alcohol te ha hecho mella?
No, yo he dormido estupendamente, la verdad.
Ajá.
¿Pero mi hijo está bien?
¿Y el otro niño?
Sí, sí, voy en seguida.
Gracias.
¿Descuece mucho?
El brazo te molesta, claro.
No.
Conmigo te puedes quejar.
No hace falta que te hagas el mayor, yo no se lo voy a contar a nadie.
¿Por qué no ha venido papá?
Porque en el colegio solo tenían este número y el de la academia, pero ya le he avisado.
¿Te doy un beso curativo?
¿Me quieres contar qué ha pasado?
¿Para qué?
Ya te lo ha dicho el director.
Sí, pero me gustaría saber tu versión.
Sé que estás enfadado conmigo, lo entiendo.
Pero no puedes ir peleándote por ahí por eso.
¿Cuándo vamos a volver?
Pronto.
Te lo prometo.
¿Y por qué no podemos volver ya?
¿Ángela?
¿Cómo estás?
¿Qué te ha pasado?
Lo sabrías si hubieras venido.
David, espérame afuera.
Siento no haber venido antes.
He estado hablando con el director, y me ha dicho que le nota muy raro últimamente, está enfadado y metiéndose en líos.
-¿Le has contado algo de...?
-David, claro que no.
En el colegio la achacan a su edad.
Estoy muy preocupada por él.
¿Crees que yo no estoy preocupado, o qué?
Yo no creo nada, simplemente te estoy pidiendo que tengas paciencia con él, él necesita cariño.
Es ropa fresca para los niños.
Gracias.
Ángela.
Estoy pensando que quizá... podríamos venir a cenar esta noche.
¿De verdad?
¿Les preparo las camas?
Solo a cenar.
Una hora y nos vamos.
Claro.
[música melancólica] Y esto por aquí.
Va a sobrar comida.
Ya verás como no.
¿Quién quiere ser el más grande y fuerte de todos?
-!¡Yo!
-!¡Yo!
He preparado caracoles.
No quiero.
Pero si te gustan mucho.
Pues ya no.
¿Quieres que te prepare otra cosa?
No, Ángela.
Hay comida de sobra.
No quiero cenar.
-¿Qué has dicho?
-Que no quiero cenar.
-¿Qué estás diciendo, David?
-Te lo ruego.
Venga, a tu cuarto.
¿Qué cuarto?
¿Cuál es mi cuarto ahora?
David, ni se te ocurra replicar a tu padre.
Vamos a tranquilizarnos.
Y a intentar cenar como una familia.
-¿Te sirvo un poco de ensalada?
-Sí.
¿Sí?
¿Qué quieres, más tomates o lechuga?
-Tomate.
-Vale.
-!¡Que no!
-!¡Venga!
-!¡No quiero!
-!¡Coge una espada!
[gritos] A ver, ir a jugar al cuarto.
Ahí.
!¡Yo quiero el trenecín!
!¡Es mío, hombre, dámelo!
¿Te duele?
Todavía puedo darte ese beso curativo.
No va a servir de nada.
Bueno, no sé.
Por probar.
¿Mejor?
Igual.
Tendré que perfeccionar la técnica.
[música melancólica] Lo siento mucho.
Tengo que disculparme con él.
¿Tú cómo estás?
Cansado.
-Ahora estoy buscando trabajo.
-¿Y tus estudios?
Tengo que hacer algo para mantener a los niños.
He hecho varias entrevistas, pero... Es que claro, ¿cómo me van a coger?, si... si no tengo experiencia.
Seguro que algo saldrá.
-Bueno, es la hora de irse.
-Quería que hablásemos sobre el cumpleaños de los mellizos.
Me gustaría que lo pudiésemos celebrar aquí.
Ya lo veremos.
!¡Niños!
Vamos recogiendo, que nos vamos.
Me quiero quedar a dormir.
Otro día.
¿De acuerdo?
Y ponemos música y bailamos.
Quiero el abrazo más gigante del mundo.
Uy, así.
!¡Ahh!
[música melancólica] Buenos días.
No sabía que te gustaba la literatura romántica.
!¡Y no me gusta!
Es que en la biblioteca de aquí solo tenéis libros de mujeres.
¿Por qué no vienes a mi clase con Tomás?
Creo que os puede interesar.
Eh... Bueno, venga.
Los símbolos femenino y masculino.
¿Alguien sabe qué representan?
El femenino es un espejo de mano, y es por la diosa Venus, y el masculino un escudo y una lanza.
Y es por Marte.
¿Alguien me puede decir algo de Venus y de Marte?
Venus es la diosa romana del amor, y Marte -es el dios de la guerra.
-Muy bien.
¿Esta chiquilla siempre lo sabe todo?
-Por desgracia.
-Pues históricamente así es cómo han sido definidos siempre lo femenino y lo masculino, por oposición.
Lo protector contra lo destructivo, lo doméstico contra lo aventurero, o lo frágil contra lo fuerte.
¿Os sentís identificadas con esto?
Yo no.
Y no me importa si me llaman machorra.
Pues yo no creo que haya que relacionar esas cosas con ser hombre o mujer, yo creo que eso va con la personalidad -de cada uno.
-Pero si tienes una actitud de Marte, te penalizan, ¿no?
Y lo mismo pasa con los hombres.
Si un hombre se muestra vulnerable, o tiene miedo, o llora en público, siente que está haciendo algo mal.
Quiero que hagamos un ejercicio.
Quiero que seáis valientes y os atreváis a reconocer cosas que hacéis que no son socialmente femeninas, o masculinas.
Empiezo yo, si queréis.
Para mí, mi trabajo en la academia está por encima de todo, incluso de tener una familia.
Al menos de momento.
Pues a mí me gusta jugar al balón con los chicos de mi barrio.
Y no soporto a las muñecas.
A mí me dan miedo las gallinas.
-Eso cuenta, ¿no?
-Sí.
Si es que no se puede ser más tierno.
-Ramón.
-¿Eh?
No, yo nada.
¿Ah, no?
Bueno, a mí me gustan las novelas de amor.
[risas] Y de vez en cuando se me escapa alguna lagrimilla.
Oye, un respeto, ¿eh?
Un respeto.
Que yo estoy haciendo el ejercicio bien, ¿eh?
Pues yo me he tirado un pe... un gas que se ha oído hasta la capilla.
!¡Candela!
Muy bien.
Pues, como veis, lo masculino y lo femenino a veces no se ajusta con la realidad.
Y definirlo de esta manera solo nos puede hacer daño a todos.
Así que os animo a dos cosas.
Una, que no juzguéis nunca a nadie.
Y dos, que seáis valientes y seáis los hombres y las mujeres que queráis ser.
[música clásica] Tomás, Tomás.
¿Sabes que a mí de pequeña me picó una gallina?
-¿En serio?
-Sí.
Lo que dijiste de... de tu mujer ideal ¿era verdad?
Claro que es verdad, Margarita.
¿En serio?
Sí.
Es que he estado pensado que podríamos ir a merendar juntos tú y yo, solos.
A ver, si a mí me gusta que nos llevemos tan bien, ¿vale?
¿Pero?
¿Pues que te acuerdas de la chica que te dije que me gustaba?
Sí.
Pues que sigue estando ahí.
Pues no he dicho nada entonces.
Mucha suerte.
[música melancólica] [sollozos de Margarita] Margarita.
¿Qué te pasa?
Que Tomás me ha rechazado.
Otra vez.
Y es que, Flavia, no lo entiendo.
Porque yo soy todo lo que él espera que sea.
Soy guapa, lista, y tengo más apellidos de los que caben en una cédula personal.
Yo tampoco lo entiendo.
Y lo peor de todo, ¿sabes qué es?
Que dice que sigue detrás de otra.
Lo único que veo, que no tengo es ni una pizca de dignidad, ¿por qué, virgen santa?
Tú no tienes nada que envidiarle a esa otra chica.
¿Y tú qué sabes?
Margarita, soy yo.
¿Eh?
¿Tú y Tomás?
Pero, a ver.
¿Tú no te ibas a casar?
Por eso no te había dicho nada.
Solo lo sabe Candela.
Bueno, y Roberta.
Y doña Manuela, la madre.
Uy, también la hija.
Doña Manuela madre sabe que ya no, y la hija creo que también, pero no estoy nada segura.
Eso, tú termina de matarme.
Como si no hubieses hecho suficiente.
Bueno, ya, Flavia.
Margarita, por favor, eres increíble.
Muy guapa, muy lista.
-¿Y ya?
-Eres una gran amiga.
Eso no se consigue ni con maquillaje ni con un novio.
¿Estás enfadada conmigo?
No.
Solo un poco confundida, la verdad.
Pero, a ver, Flavia, ¿qué pintaré yo?
¿Tú te vas a casar o no te vas a casar?
Madre mía, hija, si a mí me tienes confundida, el pobre Tomás le tienes que tener más perdido que el barco del arroz.
¿Me das un abrazo?
[música clásica] Y esto... no da lo que promete.
Me siento estafada.
[risas] [Ramón] Otra cosa no, pero me estoy enterando de todos los cotilleos de Sevilla.
Y no es que yo sea cotilla.
Ramón, tú eres un cotilla.
-¿Cotilla yo?
-Sí, eres un cotilla.
-Yo no soy cotilla.
-Sí, sí eres un cotilla.
Bueno, igual un poquito.
Vamos a tardar meses en leer todo esto.
Te lo estás tomando muy a pecho.
Demasiado.
Yo veo... un poquito los periódicos.
[música romántica] No se quita esto.
[risas] Se quita así.
[música romántica] Qué cabeza tengo.
He hablado con Manuela, y me ha dicho que te ha conseguido una entrevista en lo de Lorenzo.
Pero, Ángela, si todavía no soy maestro.
Bueno, de momento solo sería para tareas administrativas.
Pero tiene un horario muy bueno, puedes seguir estudiando y luego te podrían contratar para dar clase.
¿Por qué lo haces?
¿El qué?
Ayudarme.
¿Por qué no?
[música melancólica] Ya es la hora.
Tranquila.
Podemos quedarnos un rato más.
[música melancólica] Tere.
Tere.
Tere, despierta.
-Despierta.
-¿Qué pasa?
Escucha.
"Cancelado acuerdo de negocios entre embajador de España en Portugal y José Francisco Luna".
¿Y dice por qué?
¿Qué fecha es?
Mayo de 1920.
1917, 1920, 3 años después.
Y tres meses antes del asesinato.
Tenemos que averiguar por qué se cancelaron esos negocios.
Ole, si una cosa está clara, es que las cosas de los ricos la saben los ricos.
Pues esto era un negocio muy sonado aquí en Sevilla.
Don José Francisco compró un montón de tierras, y contrató a muchos jornaleros.
Si hasta mi padre quería entrar.
¿Y qué pasó?
¿Por qué se canceló?
Pues no lo sé.
Pero sí sé que tuvo que despedir a un montón de ellos.
Y perdió mucho dinero, ¿eh?
Gracias, Tomás.
Oye, María Jesús, ¿qué...?
¿Pero adónde vas?
¿Pero y a esta qué le pasa ahora?
María Jesús, estás muy rara, ¿eh?
Tengo una cosa para ti, Candela.
Mi maquillaje y mi ropa.
¿Pero para mí por qué?
Si son tus cosas.
Pero a mí no me queda bien.
Nada me queda bien.
¿Y ahora vas a ir en pelotas por la vida, o cómo?
¿Quieres dejar de decir tonterías, por favor?
Para ti es muy fácil decirlo.
Claro, como eres preciosa y graciosa y todo el mundo te quiere... Y, bueno, tú... Venga, déjalo, anda.
Venga, llévatelo.
Que no los voy a coger, que son tus cosas.
Bueno, pues tú misma.
[Tomás] ¿Sigues con la tontería?
Al final, alguien va a romper toda la academia -con tal de verme.
-Que no, que te juro que se me ha caído de verdad.
Ya, pues una cosa te voy a decir, ¿eh?
Una amiga no hace trabajar a su amigo por capricho.
Pero sí le enseña a barrer bien.
Pues se nota que no has cogido una escoba en tu vida.
Así.
Así, con más arte.
Oye, hay algo que no me cuadra.
¿El qué?
Pues que no entiendo cómo un amigo puede tener ganas de besar a una amiga.
A lo mejor es que no somos tan buenos amigos.
Tu prometido.
Luego soy yo la que lo boicotea todo.
Que no.
Que está ahí.
[música dramática] Primero me dices que no sabes quién es.
Luego aparece aquí muy enfadado contigo por no sé qué de un dinero.
Y ahora me ha quedado bastante claro que hay algo entre vosotros.
Mira, Flavia, yo tampoco estoy enamorado de ti.
-¿Cómo?
-Vamos a casarnos porque lo quieren nuestros padres.
Y yo tengo muy claro que pienso acatar lo que los míos quieren para mí.
Tú no quieres hacerlo, muy bien, adelante, díselo a los tuyos ya.
No te atreves a enfrentarte a ellos, ¿verdad?
Nunca te has atrevido y nunca te vas a atrever.
Si no, jamás habrías llegado hasta aquí.
Mira, te prometo que voy a poner de mi parte para que con el tiempo nos queramos.
O por lo menos nos llevemos bien.
Te prometo que vas a ser feliz conmigo y no te va a faltar de nada.
Eso sí, que ni por un momento se te pase por la cabeza que yo vaya a tolerar ser el cornudo de la comarca.
[música melancólica] Madre, esa cara de darle vuelta a la obsesión ya me la conozco yo.
Dame fuego, anda.
¿Qué pasa?
¿Que te tiene aflatada lo que nos contó Tomás?
A ver, si mi padre le hizo perder mucho dinero al de Roberta... No sé, quizá pudo ser un ajuste de cuentas.
Hombre, por bastante menos que eso en esta ciudad te desollan.
¿Pero y por qué el nombre de Roberta en la nota y no el de su padre?
No tengo ni idea.
Ya solo quedan estas tres.
Ay, qué nervios, qué nervios...
Ya casi estamos... Perfecto.
¿Les cantamos?
[al unísono] ♪ Cumpleaños feliz ♪ ♪ Cumpleaños feliz ♪ ♪ Te deseamos todos ♪ ♪ Cumpleaños feliz ♪ Y ahora soplad las velas y pedid un deseo.
!¡Bien!
[aplausos] ¿Quién quiere la primera guinda?
-!¡Yo!
-!¡Yo!
Para ti.
Cuidado.
Mmm.
Qué rico.
-!¡No me maches!
-Pero bueno, -tendrás por comer más... -!¡No!
Pero si le has mojado.
Desde luego me parece fatal, ¿eh?
Bueno, horroroso, terrible.
Esto no se puede hacer, no, no, fatal, fatal, fatal.
¿Pero qué...?
Pero así, así, mejor.
Así, ahí.
Ahí está bien.
-!¡No!
-Pero bueno.
¿Quieres?
Acércate.
A ti también.
He ido al baño, y cuando he vuelto, la puerta estaba cerrada, y ni me abre y ni me contesta, doña Luisa.
Tranquila, tranquila.
[golpea la puerta] María Jesús.
María Jesús, soy doña Luisa.
[golpea la puerta] María Jesús, ¿quieres abrir?
Soy doña Luisa, María Jesús.
[golpea la puerta] María Jesús, voy a entrar.
¿María Jesús?
Macarena, espera afuera.
[música melancólica] [sollozos] [música melancólica] Ha sido un acierto celebrar el cumpleaños de los niños aquí.
Me alegro.
Ángela, no voy a aceptar el trabajo que me ha conseguido Manuela.
La llamaré personalmente para agradecérselo.
¿Las condiciones no eran buenas?
No, el trabajo estaba bien.
Pero he pensado que quizá podamos volver a casa.
Creo que es lo mejor para los niños.
Lo sé.
Y te lo agradezco, se van a poner muy contentos.
Solamente hay una condición.
Que no veas a esa mujer jamás.
De hacerlo, nos perderás para siempre.
[música melancólica] ¿Más tranquila?
Lo siento.
No te preocupes.
Yo sé que estás viviendo momentos muy duro, María Jesús.
Pero ya verás que con el tiempo lo de Arcadio se te pasará.
Sé que usted cree que no fue bueno conmigo, pero... al menos, por una vez, alguien se fijó en mí.
¿Tú te acuerdas cuando te escribías con él en aquella revista?
¿Y tu deseo era gustarle y estar a la altura?
Que yo te dije que lo más importante era quererte a ti misma, ¿te acuerdas?
-Sí.
-Pues me parece que no me has hecho mucho caso.
Es que... no sé cómo quererme.
Es que no es fácil, María Jesús.
Pero este no es el camino, te lo aseguro.
Yo solo quería ser importante para alguien.
Pero tú eres importante.
Eres importante para mí, para tus maestras, para tus compañeras.
¿Qué compañeras?
Si ni me hacen ningún caso.
Espera un momentito.
[música melancólica] ¿Cómo estás?
María Jesús, tú lo que necesitas es un abrazo.
[música melancólica] Me duele mucho el brazo.
Ven aquí, mi amor.
Cuando eras pequeño te cantaba un nananá hasta que te quedabas dormido.
¿Te acuerdas?
[tararea canción de cuna] ♪ Mi niño está dormido ♪ ♪ Bendito sea ♪ ♪ Bendito sea ♪ [tarareo] [música dramática] [Ángela] El otro día concluí que ser mujer es principalmente ser madre.
Hoy quiero añadir algo más.
Somos valientes, y decididas.
Lo tenemos muy difícil.
Y aún así luchamos por conseguir nuestras metas.
Somos espontáneas, impredecibles y muy fuertes.
Aunque se empeñen en decirnos lo contrario.
[algarabías] Tenemos la capacidad de aprender, y de resurgir de nuestras cenizas.
Pero, sobre todo, de amarnos a nosotras mismas.
De aceptarnos.
Y de querernos en nuestra diversidad.
Somos madres, sí, pero somos hijas, hermanas y esposas, amigas.
[risas] Y el apoyo que nos damos nos ayuda a seguir adelante.
A no rendirnos, aunque estemos perdidas.
Es muy difícil decir qué es ser mujer, porque serlo significa muchas cosas, tantas como mujeres hay en el mundo, y tantas como vueltas da la vida.
Y si ser mujer es mucho, también es mucho lo que merecemos.
Nos han criado para elegir el camino de la corrección... renunciando a otro siempre.
¿Pero por qué tenemos que renunciar a nuestros deseos?
¿Por qué tenemos que elegir un solo camino?
¿Por qué no podemos tenerlo todo?
[música dramática] Estamos todas igual.
Asadas, cansadas y con ganas de terminar.
Planes fresquitos.
¿Qué vais a hacer en verano?
Pues yo me voy a la playa con mi madre.
Que nos va a venir bien pasar un tiempo juntas.
Como no consiga financiación, voy a tener que declarar la academia en quiebra.
No me gusta tener que necesitarte -para pedir un préstamo.
-Si quieres podemos discutir luego cenando esta noche.
Podríamos irnos por ahí de vacaciones.
¿Usted dejaría a su hija en manos de una posible asesina?
[música melancólica] Aquí tienes un cheque.
Y ahora te voy a pedir que tú también hagas algo por mí.
Tú te vienes a casa con nosotros, que es donde tienes que estar.
Que no me voy a casar.
!¡Susana, suéltela, por favor!
Solo me he tenido que encargar de una cosa y la he arruinado.
¿Nadie ha visto a Teresa?
Le di una nota que le dejaron y yo no la he vuelto a ver.
¿Qué haces aquí?
¿Teresa?
Te echo muchísimo de menos.
Quiero que sepas que el hombre de su vida soy yo.
[música dramática]